...

UN CAMPEÓN FANTASMA

Creo que fue el inolvidable Mijail Tal el que dijo que el único título que no se pierde es el de excampeón. En definitiva, lo nuestro es pasar. Pero pasar haciendo caminos son pocos los que lo logran. Uno de ellos, Ricardo Montacuto, el cazador de pulpos en Madryn o allá, en la hija de Eolo, Trelew. Allí aprendió con un grande de los nuestros, Eduardo Hualpa (siete veces campeón mendocino, campeón juvenil argentino en 1955). Y entre pesca y jaques fue formando sus primeros pinitos en ajedrez, subiendo de categoría en categoría.

Cuando llegó a Mendoza, hace más de 20 años, fue presentado por Alejandro Needleman, como “un fuerte jugador de primera categoría de Chubut”. Debutó contra Israel Villegas y le ganó sin atenuantes, partida que publicó Alito en su columna del diario.  Pero el efecto sorpresa fue pasando y los hijos del zonda hicieron de las suyas. El cazador del mar fue azotado por tormentas entre escaques blancos y negros, como días y noches, le tocó vivir una época donde en Mendoza estaba un ajedrez de lo mejor del interior del país. Conoció el frío de los últimos puestos.

Diariamente (como en el bolero del trío Los Panchos), Monty pasaba por el Club Español a luchar contra el Peladito Pollio, el Turco Hadid, Pepito Abraham (“que se nos fue pero aún me guía”), Robertito Marchevsky (el Veloz del Oeste) y quien rayara, porque la generosidad no sabe de límites, sólo sabe de amores. Y Monty es un enamorado del ajedrez.

A decir verdad, todos los mencionados formaban una peña, “La banda de corazones solitarios de Charly Parma”. La Autoridad supo imponer las reglas de las tremendas justas que se definían en los combates recios: Sicilianas, Españolas, Pereyras, Francesas, Escandinavas, Gambitos del Volga; todos los rincones del mundo pasaban por esos tableros. Los últimos pagaban el café. A Ricardo le hubiera convenido transar con Juan Valdez. Alguien, piadosamente, le aconsejó tomar clases.

Comenzó a estudiar en la desaparecida La Lupa Ajedrecista. Al tiempo recuperó un poco del control y no iba tanto al mostrador. Había que rescatar lo que había dejado Hualpa, algo quedaría de todo aquello. Cuando hay fibra, cuando hay talento, es cuestión de paciencia pero se recuperan.

Por allí dicen que un ajedrecista define su futuro, se forma, en los primeros cinco años, cuando aprende a jugar tendrá su impronta y todo lo que aprenda después es un espiral muy lento y difícil, “un lento caracol de sueños”. Cuando hay fallas en ese aprendizaje inicial cuesta enderezar mucho el pensamiento y el estilo. Monty es un jugador temperamental y fue aumentando su ranking en base a furibundos ataques, una especie de blitzkrieg. Él no es para partidas de largo aliento, como Foro, como Acosta. Es un fighter, es un cazador de pulpos que atrapa la presa con rapidez.

Mejoró mucho con los años de estudio, revivió sus aperturas y defensas favoritas, recobró la teoría olvidada en los caminos del periodismo. Jugó varios torneos con suerte diversa, pero fallaba en las partidas que mantenían la tensión en vilo durante largo tiempo. Iba contra su naturaleza. Cuando de joven no se trota, de viejo se galopa, dicen los paisanos. En su juventud no maduró el estilo de las partidas largas y a manejar la tensión y eso no puede mejorar sin un entrenamiento muy largo y difícil. Su profesión no le deja dedicar semejante esfuerzo.

En noviembre del año 2014, Monty llegó al puesto 11mo de la clasificación para la final de ajedrez blitz en Mendoza. La deserción de Forestani le permitió entrar por la ventana. En vísperas del campeonato, en diciembre, hubo una cena en un carrito de la calle Belgrano. En esa oportunidad, los ajedrecistas reunidos, algunos jugarían la final del blitz, pusieron a consideración quien podría ganar ese preciado trofeo. Se barajaron los nombres; alguno arrojó, como quien tira un papel viejo, el de Montacuto. Nada, fue una sonrisa general, una piadosa sonrisa. Imposible que el periodista pudiera ganar un certamen con figuras como Larrea, Acosta, Cantú, su archirrival, Sergio “Maravilla” Munzi; con muchos de ellos tenía score desfavorable. La opinión general fue entre 9no y 10mo.

Un par de días antes, Montacuto, advirtió: “Mi participación está confirmada: horribles, voy por Uds!”

El día del certamen, 27 de diciembre, que se jugó en la vieja dirección de la Federación en calle Alberdi de Guaymallén, había bastante gente además de los protagonistas. Yo estuve hasta la tercera ronda donde Monty llevaba una ganada y dos tablas. Era un comienzo débil, aunque uno de los empates fue con Larrea, un competidor directo. Lo cierto es que luego de eso hilvanó seis victorias al hilo y quedó por medio punto encima del segundo, Munzi.

Ricardo Montacuto ganó el Campeonato Mendocino de Ajedrez Blitz 2014!!

La conmoción en el mundillo del ajedrez fue intensa, casi se registra en la escala Richter. La FMA no atinó a publicar nada, ni cuadro de torneo, ni tabla de posiciones. Sólo hay una foto de Ricardo sosteniendo el trofeo, que descansa en su hogar, junto a las cosas preciadas, como el Martin Fierro del periodismo.

El Campeón Fantasma del campeonato que todos recuerdan. No hay datos, los adversarios de Montacuto han querido borrar ese recuerdo de la memoria del ajedrez mendocino. Pero cuando alguien dice, “ahí viene el Campeón”, todos saben que es Monty. Demostró que cuando se es grande, el título de campeón es inalterable, perenne, como la nieve que abriga el coloso de piedra que cuida Mendoza.

A poco más de cinco años del preciado logro de Monty, vaya esta nota laudatoria, que pretende subsanar esa carencia federativa.

 

.

Post Comments(2)

...
admin7 months ago

.

...
admin7 months ago

Muy buena nota!

Login to comment